Hipercapitalismo y dignidad
El hipercapitalismo no se limita a organizar la producción: coloniza las relaciones humanas en su conjunto. Convierte todo vínculo en una relación comercial y reemplaza la dignidad de las personas por su valor de mercado. Lo que antes era encuentro, intercambio o comunidad pasa a ser transacción.
La economía de la atención profundiza este proceso. Las cosas solo adquieren valor cuando son vistas, expuestas y capaces de acaparar atención. La visibilidad se convierte en el nuevo equivalente general: aquello que no circula ante ojos ajenos carece de valor. Esta lógica no afecta únicamente a las mercancías; afecta también a las personas, que aprenden a gestionarse como marcas que compiten por atención.
Lo que se llama sharing economy o consumo colaborativo materializa esta tendencia. Convierte a todos en vendedores en busca de clientes. La reciprocidad cede ante la transacción; el don o el gesto desinteresado quedan fuera del marco inteligible. Cada interacción se convierte en una oportunidad de maximizar valor.
La consecuencia no es solo económica sino antropológica. El sujeto que ha asumido esta lógica no experimenta sus relaciones como fines en sí mismos, sino como recursos para gestionar. La Vita contemplativa y el Aburrimiento profundo —que presuponen pausa, gratuidad y atención sin propósito— resultan incompatibles con un mundo en el que todo tiempo y toda mirada deben rendir.
Referencia: Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio.