Prosoché es la vigilancia continua sobre el propio juicio. Es la actitud fundamental del estoico en ejercicio: no una técnica que se aplica en momentos difíciles, sino el estado por defecto de estar despierto a lo que uno se está diciendo a sí mismo.
El hueco entre impresión y asentimiento
Una impresión (phantasía) llega sin permiso: “esto es un desastre”, “me ha faltado al respeto”. Lo que no llega sin permiso es el asentimiento: la aceptación de que la impresión es verdadera. Entre ambas cosas hay un hueco, y la prosoché consiste en habitarlo.
Epicteto entrena la fórmula de detener la impresión en la puerta y examinarla antes de dejarla entrar. Marco Aurelio hace lo mismo por otra vía: describir el acontecimiento en términos desnudos, sin los adjetivos que uno le añade.
Cómo se entrena
La atención no se sostiene por voluntad continua; se sostiene por puntos de reentrada. Elige un disparador que ya ocurra varias veces al día (abrir el portátil, un cambio de reunión, la primera taza de café) y en ese instante haz una sola comprobación:
¿Qué me estoy diciendo ahora mismo, y lo he examinado?
Al principio la mayoría de las comprobaciones no encuentran nada. Eso es normal y no es fracaso: el objetivo es que la comprobación se vuelva automática, para que esté disponible el día que sí hace falta.
Señal de que está funcionando
No es sentirse tranquilo. Es notar el propio juicio mientras se está formando, un instante antes de reaccionar. Ese pequeño retardo es todo lo que el ejercicio pretende conseguir.