Ensayo anticipado de la dificultad. Consiste en imaginar por adelantado lo que puede salir mal, con detalle suficiente para que, si ocurre, no llegue como una sorpresa.

Marco Aurelio abre el libro II de las Meditaciones con este ejercicio aplicado a las personas: hoy me cruzaré con gente entrometida, desagradecida, arrogante; sé que existen y no me asombraré. Séneca lo extiende a las circunstancias: lo inesperado golpea más fuerte, así que nada debería resultarnos inesperado.

Por qué funciona

El daño rara vez está en el hecho; está en el juicio de que el hecho es intolerable y además injusto que me pase a mí. La anticipación desactiva ese segundo componente: cuando algo ya se ha considerado posible, deja de tener el efecto de asalto y queda como un problema a resolver.

Cómo hacerlo bien

  • Concreto, no catastrófico. “La reunión de mañana se tuerce y me interrumpen” sirve. “Todo se va a hundir” no: eso es ansiedad, no ejercicio.
  • Siempre acompañado de respuesta. Cada dificultad anticipada se cierra con una frase: si ocurre, hago esto. Sin la respuesta, el ejercicio es solo preocupación con mejor prensa.
  • Breve. Dos o tres minutos por la mañana. Alargarlo lo convierte en rumiación.
  • De lo que depende de mí. No se ensaya el resultado, se ensaya la propia conducta ante el resultado.

Distinción con la ansiedad anticipatoria

La ansiedad recorre el mismo material sin llegar nunca a una decisión, y se repite; la praemeditatio termina en una decisión y se cierra. Si al hacerlo notas que vuelves al mismo escenario una y otra vez sin cerrarlo, no estás practicando el ejercicio: cierra el cuaderno y pasa a la acción concreta que tengas más a mano.

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