La guerra del sujeto contra sí mismo
El burnout no procede de un exceso de carga externa, sino de una competencia del sujeto consigo mismo. El imperativo de rendimiento no impone un límite finito: exige una superación constante de uno mismo. El sujeto no compite contra otros, sino contra una versión de sí mismo siempre superior que nunca puede alcanzar.
La brecha entre el yo real y el yo ideal genera autoagresividad. Quien no alcanza el ideal se carga de autorreproches. El proyecto se convierte en proyectil que el propio sujeto se dispara. Esta guerra no tiene ganadores: termina con la muerte del vencedor.
El burnout produce también una forma específica de depresión: sin objeto, orientación ni vínculo. A diferencia de la melancolía o el duelo —que mantienen una relación con algo perdido o amado— el vacío depresivo carece de referente. El empobrecimiento de alteridad en el mundo digital intensifica esto: el yo se encuentra sobre todo consigo mismo.
La violencia ya no llega desde fuera. El sujeto del rendimiento se somete libremente a la maximización del rendimiento. Lo que era explotación ajena se convierte en violencia autogenerada. El homo liber deviene homo sacer de sí mismo.
Referencia: Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio.